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La línea y su importancia en el diseño

La línea como sucesión de puntos tiene un sentido claramente dinámico; es lo opuesto al punto, que se considera de origen estático. Cuando los puntos están tan próximos entre sí que no pueden reconocerse individualmente aumenta la sensación de direccionalidad y la cadena de puntos  se convierte otro elemento visual distintivo: la línea. Puede definirse también como un punto en movimiento o como la historia del movimiento de un punto, pues cuando hacemos una marca continúa o una línea, lo conseguimos colocando un marcador puntual sobre una superficie y moviéndolo a lo largo de una determinada trayectoria, de manera que la marca quede registrada.

La línea a causa de su naturaleza, tiene una enorme energía. Nunca es estática, es infatigable y el elemento visual por excelencia del boceto. Siempre que se emplea es el instrumento esencial de la previsualización, el medio de presentar en forma palpable aquello que todavía existe solamente en la imaginación. Por ello es enormemente útil para el proceso visual. Su fluida cualidad lineal contribuye a la libertad de la experimentación. Pero a pesar de su gran flexibilidad y libertad la línea no es vaga: al contrario es precisa; tiene una dirección y un propósito, va algún sitio, cumple algo definido.

Por eso la línea puede ser rigurosa y técnica, y servir como elemento primordial de los diagramas de la construcción mecánica y la arquitectura así como de muchas otras representaciones visuales a escala o con alta precisión métrica. Tanto si se usa flexible y experimentalmente, como si se emplea con rigor y mediciones, la línea es el medio indispensable para visualizar lo que no puede verse, lo que no existe salgo en la imaginación.

Puede adoptar formas muy distintas para expresar sentimientos muy diferentes. Puede ser muy inflexible e indisciplinada, como en los bocetos para aprovechar su espontaneidad expresiva. Puede adoptar valores expresivos, ser muy delicada ondulada o audaz y burda, incluso en manos del mismo artista. Puede ser vacilante, indecisa, interrogante cuando es simplemente una prueba visual en busca de un diseño. Puede ser también tan personal como manuscrito adoptando la forma de curvas nerviosas, reflejo de la actividad inconsciente bajo la presión del pensamiento o como un simple pasatiempo en momentos de hastío. Incluso en el formato frío y mecánico de los mapas, los planos de casas o de máquinas, la línea expresa la intención del diseñador o el artista y además sus sentimientos y emociones más personales y lo que es más importante, su visión.

La línea horizontal sugiere calma, reposo, humanismo, alejamiento, paz. La vertical nos lleva sentir inquietud, espiritualidad, ascensión, misticismo. La línea oblicua provoca sensaciones de inestabilidad, agresividad, peligro; cuando se dirige la derecha sugiere subida, hacia la izquierda bajada. La línea aparece en el entorno, una grieta en la acera, los alambres de teléfono recordándose contra el cielo, las ramas desnudas en un invierno, un puente colgante.
La línea curvada la idea de movilidad, agilidad, dinamismo, vida y continuidad.

Por otra parte, la línea posee cualidades plásticas según su configuración. Cuando es un gran grafismo se refiere la línea continua de igual espesor o alteraciones simétricas regulares, cuando es un trazo cobra un espíritu diferente,  se humaniza,  proyecta sensibilidad, es la forma preferida de los dibujantes de caricaturas e historietas.

La figura alusiva a las locuras del emperador de Disney representa la funcionalidad de la línea a mano alzada es decir aquella que se trata con soltura y agilidad para demostrar perfección o dominio. Fíjese en las terminaciones de los trazos que salen de la espalda, la ligera inclinación hacia la izquierda sugiere movimiento y no estaticidad.

Tomado de “Diseño Gráfico” de Pedro Peña Huapaya

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